Lattin Vision Comunications All rights reserved
Cartas de lectores
Irracionalidad Política
Desde que los hombres viven en comunidad, la regulación moral de la conducta ha sido necesaria para el bienestar colectivo. Aunque antiguamente los distintos sistemas morales se establecían sobre pautas arbitrarias de conducta, evolucionaron a veces de forma irracional, a partir de que se violaran los tabúes religiosos o de conductas que primero fueron hábito y luego costumbre, o asimismo de leyes impuestas por líderes para prevenir desequilibrios en el seno de la tribu.
Incluso las grandes civilizaciones clásicas egipcia y sumeria desarrollaron éticas no sistematizadas, cuyas máximas y preceptos eran impuestos por líderes seculares, y estaban mezclados con una religión estricta que afectaba a la conducta de cada egipcio o cada sumerio. En la China clásica las máximas de Confucio fueron aceptadas como código moral. Los filósofos griegos, desde el siglo VI a. C. en adelante, teorizaron mucho sobre la conducta moral, lo que llevó al posterior desarrollo de la ética como una filosofía.
En la América posterior a la Conquista Espiritual, llevada a cabo paralelamente a la Conquista Territorial por el cristianismo, las pautas morales (códigos) han sido divulgadas e impuestas por los misioneros de esa confesión. Los conceptos sobre el bien, el mal, justicia, equidad, solidaridad, honradez, han sido las bases sobre la que sustentó el desarrollo de la sociedad americana, especialmente la chaqueña. El gaucho argentino, en nuestra antigüedad, es el arquetipo moral devenido de esas enseñanzas. Más cercano en el tiempo, en nuestra provincia, los inmigrantes europeos y criollos dieron cátedra del valor de la palabra (con excepciones por supuesto). No existían los documentos públicos para exigir el cumplimiento de compromisos comerciales. La honradez de ellos generaron una sensación de confianza tal, que la palabra tenía más fuerza que un pagaré. No se necesitó la intervención de la justicia para dar cumplimiento a las obligaciones de cualquier naturaleza. Cuando alguien tenía la oportunidad de robar o eludir un compromiso (vuelvo a decir, con excepciones), su profunda convicción acerca de los códigos morales, le impedía ejecutar la acción, sin que medien terceros, solo su conciencia.
Desde estas bases hacia delante, nuestra sociedad contemporánea debería haber evolucionado hacia formas más complejas y convenientes al grupo social. Pero, por desgracia para muchos, la involución en ese sentido, se adueño de cada uno de los actores sociales. Desde el político corrupto, mentiroso, vanidoso que camina más cerca del delito que de la virtud, hasta el piquetero que ha hecho de la molestia pública una manera de vida que satisface sus pobres ambiciones. No quedaron retrasados profesionales inescrupulosos, ni ciudadanos que violan leyes sin mayores miramientos. No es un aquelarre esta situación. El ser humano tiene la enorme capacidad de adaptarse y de cambiar, por lo tanto mientras haya vida hay esperanzas.
Si bien llamamos irracionales, es decir, que no razonan, a todos los animales con exclusión del hombre, muchas veces el humano parece mucho más animal (perdón animales) que las especies por él así clasificadas. Traicionan, se sirven de la ingenuidad o debilidad de otros, usufructúan posiciones delegadas en bien propio. La mejor herramienta para lograr servirse de los demás es el fanatismo en todas sus formas, y el analfabetismo (total y funcional). Por eso quizá, los conflictos docentes sean convenientes a estos siniestros personajes. Cuando menos educación, más facilidad para embarcar al pueblo en ideologías declamadas pero no cumplidas. Se diluyen tanto los códigos morales, que se terminan justificando desmanes, influenciados por fanatismo partidario o revanchismo.
Humildemente, quiero acercar algunos hechos, que entiendo son producto de lo que describo anteriormente. No soy sabio ni mucho menos, solo me mueve la vocación docente que ha sido mi medio de vida hasta ahora. Describo solo algunas.
En nuestra provincia, echándose culpa unos a otros, entre nuestros dirigentes públicos, se dejó avanzar la epidemia del dengue. Lo más grave es que los responsables de la salud pública fueron tan incompetentes que debieron retirarse, recibiendo como premio a su ineptitud un cargo público de mayor jerarquía. No sintieron vergüenza.
El asueto sanitario impidió que oficinas públicas, algunos comercios, escuelas desarrollen sus actividades normalmente. Se puso límites a la concentración de público en esos sitios, pero los trabajadores (razón de ser de este gobierno), viajaban apiñados en los colectivos. ¿Allí no había influenza?
En mis tiempos de estudiante, recibían becas los alumnos avanzados y aplicados. Era un premio a los que se destacaban por capacidad o aplicación. En esta última campaña política en el Chaco se repartieron “becas” a diestra y siniestra, solo para cambiarlas por un voto. La publicidad desplegada fue costosísima (no quiero pensar en el origen de los fondos utilizados), y ahora hay enormes dificultades para abonar los sueldos en tiempo y forma. Esta administración criticó duramente a la anterior, pero durante el ejercicio de la función de ésta, los pagos de sueldos se normalizaron, luego de una etapa de un gobierno del mismo signo político que el actual, donde los cobros eran escalonados y fuera de término. No defiendo a los que se fueron, también cometieron aberraciones de todo tipo. Por eso digo que la crisis de valores, la irracionalidad es factor común en la sociedad contemporánea. Si miramos la administración nacional, el desastre es mucho mayor, y más dañino.
Todo el mundo se pregunta, ¿los legisladores no están obligados a asistir a sus trabajos? Parece que se les otorga privilegios con el voto, porque mientras hay campaña política, se dedican a captar voluntades fuera del ámbito laboral. Además sus sueldos son generosos y cuentan con bonificaciones suculentas, sin que justifiquen su trabajo, aunque más no sea asistiendo a las sesiones o comisiones. Entonces, ¿cómo condenar un paro de los trabajadores, si ellos son sancionados si no asisten a su compromiso laboral? ¿Será justicia social esto, o ella se trata de un slogan publicitario?
Para evitar la profundización de la irracionalidad, eduquemos y apliquemos la ley con todo su peso. No puede haber una educación pública de menor jerarquía que la privada (así pensada) o una justicia más justa para los poderosos. No se puede alejar a los excluidos de la cultura del trabajo, incentivando la aparición de “movimientos sociales”, que son simplemente agentes de presión, utilizados por unos y otros. Semanas acampados en la plaza central, ahora una marcha partiendo de distintos puntos de la provincia, que llevará casi un mes para arribar a la Casa de Gobierno, revelan que alguien provee los fondos para que coman, compren su ropa y cubran sus necesidades básicas. ¿Si en lugar de saquear y perseguir al que progresó económicamente, creamos fuentes de trabajo? Si alguien es libre económicamente, seguro será libre de acción y pensamiento.
La justicia social no es sacar al que tiene y repartir a los menos favorecidos en el reparto de la riqueza. Sería más racional crear las condiciones para que cada habitante, merced a su aplicación al trabajo, su formación profesional pueda acceder decorosamente a mayores oportunidades. Pero claro, este cuadro convertirá a los pobres en librepensadores, entonces chau negocio.
Compartan o no mis pensamientos, comencemos a ocuparnos del tema, fundamental para un desarrollo en libertad y felicidad. Debemos instalar el debate sobre estas cuestiones, para acrecentar nuestra posibilidad de salir de la encrucijada.
José Ramón Farías DNI Nº 6.148.876 Urquiza Nº 123
(3700) Presidencia Roque Sáenz Peña monchofari@hotmail.com