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Cartas de lectores
José Ramón Farías, "Incoherencias Políticas"
Estos últimos tiempos de Argentina, plagados de conflictos sociales, con elecciones apuradas, onerosas, serias dificultades financieras del Estado y de los ciudadanos comunes, presenciamos ya casi sin capacidad de asombro, actitudes, declaraciones y medidas de los “representantes del pueblo”, que comenzamos a notar que, hasta los más fanáticos y recalcitrantes seguidores de las ideologías políticas imperantes en nuestro país, comienzan a darse cuenta, o por lo menos a dudar, a quién representan nuestros privilegiados políticos de turno.
No se ponen colorados (los políticos) para afirmar o cometer temeridades, como si todos los argentinos fuésemos estúpidos. Quizá alguno lo sea de puro ingenuo o fanático y otros, como yo, porque sigo confiando en la verdad, la justicia, la paz social, la verdadera justicia social.
Solo para descargar mi impotencia, porque nada se consigue exponiendo las ideas en soledad, intentaré enumerar alguna que otra atrocidad pública cometida con la más absoluta impunidad, sin recibir el juicio ni público ni del poder judicial. Seguro me tildarán de tener pensamientos pedorros, desestabilizadores, de prensa amarilla, pero mi humilde capacidad no da para tanto. Solo digo lo que pienso, que es una manera de contribuir a inducir al análisis de la durísima realidad que vivimos, de la cual ninguno de nosotros, los ciudadanos anónimos y comunes somos responsables.
En primer lugar si decimos que es coherente la persona cuya forma de pensar no se contradice con su forma de actuar. Y que la coherencia es la relación lógica y adecuada de las partes que forman un todo, en el pensamiento y acción de los ciudadanos, especialmente los públicamente notorios, veremos que algunos de sus actos nos dejan perplejos, por lo incoherentes que son. Es que los seres humanos debemos operar siempre desde una coherencia, sin ejecutar tramas que parecen carecer de significado, cargadas de diálogos repetitivos y falta de secuencia, que a menudo crean una atmósfera artificial, produciendo alienación o enajenación que consiste en suprimir la personalidad, desposeer al individuo de su libre albedrío o deshacer la personalidad de éste, controlando y anulando su libre pensar, para hacer a la persona dependiente de lo dictado por otra, o de una organización corporativa.
Vemos por ejemplo que mientras existen cada vez más pobres, con carencias cada vez más acentuadas, se financia el fútbol (pagando con dinero de todos fabulosas cifras), actividad que genera un fabuloso negocio, tan mal administrado que debieran ser juzgados los responsables y no salvarlos de la hecatombe económica que supieron construir. Además los operadores de cable no descuentan a sus abonados el beneficio que reciben al tener gratuita la señal de esos eventos. No todos tienen gratis las transmisiones del fútbol profesional, la señal de cable hay que pagarla igual. Claro una solución es desconectarse de ese servicio y colocar una antena de aire, pero ¿cuántos canales tenemos en el Chaco que permiten captar todas las propuestas que el Gran Buenos Aires tiene por ejemplo? La vida es evolución constante y no regresión. Nos imponen la regresión social a quienes hemos trabajado toda una vida, ahorrando, esforzándonos, estudiando, trabajando duro, para regalar nuestro esfuerzo a quienes muy poco se preocupan por su porvenir. Con el simple recurso de llenarse de hijos, sin tener techo ni ocupación fija, se ganan la bendición de gobiernos populistas, que actuando como lo hacen, en lugar de sacarlos de la exclusión, los llevan más adentro de esta.
El empecinamiento que el gobierno nacional tiene contra los hombres de campo, está empujando la situación colectiva de la sociedad argentina hacia un callejón sin salida. Producen riqueza los que trabajan la tierra arriesgando su capital. El obrero es parte importante en la maquinaria productiva, pero son solo una pieza. Solo con ellos es imposible avanzar. Seguro hay que protegerlos de los abusos patronales, pero no regalarles nada, beneficio ganado por derecho divino, según la visión montonera imperante.
Irresponsablemente se han inmiscuido en cuestiones internas de Irán, condenando la designación de un alto funcionario en el gobierno, como si en nuestra propia casa no estuvieran encaramados del poder probados terroristas, responsables de atentados aberrantes. Han hecho causa común por el Muro de Berlín, pero aplauden el muro judío en el Oriente Medio. Discriminan abiertamente a los ciudadanos argentinos, dividiéndolos en merecedores de todo (los pobres) y los condenables por el delito de progresar económicamente. El reparto de la riqueza no consiste en sacarle a unos y regalarles a los otros. El verdadero reparto consiste en crear condiciones de igualdad de oportunidades, responsabilidad excluyente del gobierno.
En nuestro pago, se comenzó la administración del Estado echando la culpa de todos los males al gobierno saliente. Muchos errores se están repitiendo. Ninguno, oposición y oficialismo se plantaron a solucionar acuciantes problemas sociales. Este signo político (con otro gobernador) entregó al saliente una administración pública que cobraba los sueldos a casi a medio mes. Ese tema se estabilizó, pero ahora los dueños de la verdad, los iluminados vuelven a colocar en la misma situación a sus empleados. ¿Será culpa de la Alianza nuevamente? Se dijo que hubo deflación, que creció el empleo, que disminuyó la pobreza, ¿usted lo nota?
Una Legislatura improductiva, politizada a niveles exasperantes, se auto otorga aumentos de sueldos, mientras intentan desprestigiar a los docentes que reclaman sueldos dignos, que lo merecen, aunque la calidad educativa haya caído notablemente, pero eso es harina de otro costal. Los paros y los cortes de la vía pública es la mayor actividad que se muestra. Esos llamados “Movimientos Sociales”, son cuerpos de choque del oficialismo, que solo reclaman promesas incumplidas. Los funcionarios se desgarran las vestiduras reclamando solidaridad a los que más tienen (se lo han ganado), pero no dan el ejemplo. Disipadamente muestran enormes gastos en su vida cotidiana. Seguro lo hacen con sus propios recursos, pero ¿comería usted un postre frente a un linyera que acumula días de hambre? No es coherente entre lo que se predica y lo que se hace.
Esta punta del iceberg solo alerta a algunos, porque otros siguen en la bacanal del poder y el derroche.